Entre llamaradas
En el silencio de la noche se escuchaban los susurros, procedentes de la zona oeste del bosque. Estaban reunidos en medio de una enorme hoguera, que dibujaba la sombra de los pequeños cuerpos danzantes.
Casi sin darme cuenta de donde provino, apareció el Elfo de la Luz, con una imagen transparente y con tonalidades azules. Jamás podía imaginar que este tipo de elfo, dominan el cambio de apariencia y poseen una belleza etérea. De pronto se adentró en la fogata y comenzó a desplazarse sobre el fuego; al parecer es otra de sus habilidades. Hice lo mismo que el resto: permanecer en silencio y observar cada uno de sus movimientos. Estaba perpleja.
Una luz enorme se produjo en aquel lugar llamado Arco Iris y, en un abrir y cerrar de ojos, pudimos comtemplar una infinita gama de colores. Fue inexplicable lo que sentí cuando el viento ondeaba cada uno de los tonos, con multitud de combinaciones, sensaciones, olores y una música de fondo. Limpié mis ojos, me pellizqué...pero no, no estaba dormida, me encontraba en una fiesta en pleno centro del bosque, rodeada de duendes, gnomos, hadas, elfos y otros tantos seres fantásticos que iría descubriendo con el tiempo. Pensaba volver, ya lo creo que volvería.
Una dulce voz rompió el silencio y, alborotando, danzando y cantando, mis diminutos amigos se pusieron en una especie de fila india. No supe qué hacer, pero fue cuando sentí un cosquilleo en medio de mis pies, miré hacia abajo y vi a Xinius, que daba saltos encima de mi zapato para avisarme que le siguiera, era un duendecillo muy simpático. Me explicó que había que quemar todo aquello que no era beneficioso para el alma, de ahí la fiesta de la purga. Y que luego tomaríamos de una pócima.
A decir verdad, no escuché bien, pero estaba tan entusiasmada que pensé que luego lo descubriría. Quemamos la ira, el odio, el desamor, la violencia, la venganza, la envidia, la obstinación, la manipulación, la rabia, el tormento, la impaciencia, la mentira, la duda, el temor, la agresividad, la inquietud, la tristeza, la ansiedad, la culpabilidad, la desilusión, la vergüenza, el miedo, el dolor....
Y después de la quema, se escucharon unas palabras en un lenguaje mágico, pues no fui capaz de entender nada, pero sí comenzó a cubrirse el cielo de colores y floté en medio de sensaciones. Entre los allí presente, incluida yo, había infinidad de emociones positivas. Yo miraba la fogata y veía salir una llamarada azul que desprendía un humo, de esas mismas tonalidades, que comenzó a envolverme.
Brotó la sonrisa, la risa, la carcajada, la felicidad, el amor, la paciencia, la calma, la tranquilidad, la paz, la firmeza, la esperanza, la fe, la ternura, la alegría, el encuentro, la serenidad...











rosa dijo
la sinceridad, la bondad, la amistad . . . . . . .
Me hubiera gustado estar en esa hoguera, a ver si algún día la encuentro y como tú podré ver los colores del arco iris y disfrutar de ello con toda la intensidad de que soy capaz.
Espero que el dedo esté mejor.
Muchos besos
10 Marzo 2008 | 07:46 PM