Casitas en la sierra
El monótono canto de las cigarras rompía el silencio de la noche, era difícil desconectar cuando un ruido tan estridente se introducía en tu cabeza hasta tocarte la sien. Aún así, decidí continuar mi paseo nocturno, saboreando el aire fresco pero agradable que hacía en la sierra en pleno agosto. Acostumbrada, como estaba, a soportar temperaturas bastante elevadas, esa brisa nocturna era un hálito que se agradecía.
Me desperté con el rosado y variado tonos azules del cielo y, después de tomar una ducha caliente, emprendí hasta adentrarme en la sierra, sin tener ni idea por dónde iba, pero eso formaba parte de la aventura.
Cualquiera que me hubiera observado, habría soltado una carcajada, al ver el brinco que di, cuando una juguetona ardilla saltó inexplicablemente de unas ramas sobre mi mochila. Y es que el paisaje es divino, el aire puro, la sensación de bienestar, los sonidos naturales, el frescor, los aromas...pero, está repleto de animales más o menos “salvajes” que no dejan de sorprenderte a la primera de cambio. Al asustarme, se espantó, dio otro brinco y siguió corriendo hasta cualquiera sabe donde. Yo al menos, no tenía el menor interés de seguirla.
El sobresalto ya no me lo quitaba nadie aunque volviera y, en cualquier caso, tampoco había sido para tanto ¿no?. ¡Podría haber sido peor! Total, estaba dispuesta a encontrar la casita que, estaba segura, no quedaba muy lejos. Así que, con el corazón latiendo más fuerte de lo normal, con las piernas temblequeando y con las ganas de seguir “descubriendo”, continué.
Mientras seguía tomando muestras para mi colección, nuevos tonos, distintos enfoques, originales especies...entre ramas y árboles, me topé con lo que estaba buscando. Me quedé con la boca abierta. Yo esperaba una casita, pero era una casa enorme, de mampostería, perfectamente ajustada con desiguales piedras. Me pareció magnífica y muy curiosa, si no le faltaba detalle al exterior podría ir imaginándome el interior.
Aún tenían las luces de algunos faroles encendidas, a pesar de haber amanecido hacía unas horas. Después de un rato, en el interior, comenzaba el día, niños que pedían su desayuno...miré el reloj y salí pitando....mi grupo estaría a punto de reponer fuerzas. Sin duda, había merecido la pena la matinal excursión, aunque el día aún prometía....

















lucerodelalba dijo
Hola guapa
sabes que describes muy bien?
siempre me transportas a lugares hermosos.
besos azulones:)
27 Noviembre 2008 | 07:55 PM