Alivio para el alma
Hoy era el día. O blanco o negro, no había posibilidad de barajar tonalidades intermedias. Dentro de mí se agitaba la calma que me caracteriza, la que, a pesar de los días de incertidumbre, me ha mantenido pensando en positivo.
Me levanté cuando el silencio aún dormía, necesitaba contactar con el azul más profundo que hasta hoy he conocido, respirar su esencia, contemplar su lejanía, empaparme de su revuelta armonía...
Subí al coche y, casi sin pensarlo, conduje tres horas seguidas hasta aquella ciudad marina que me tiene absorta.
Aparqué enfrente del embarcadero, atravesé la calle, me despojé de los zapatos y me fui caminando lentamente hasta la caleta. Algunos pescadores faenaban cerca de la orilla, así que anduve hasta que no hubiera rastro alguno, tan sólo unas gaviotas que picoteaban un trozo de pan mojado.
Me senté en una roca y dejé caer las piernas hasta que el agua rozó mis rodillas, estaba casi congelada...sí, es que soy muy friolera, pero me apetecía sentir tanto que no sintiera nada. Mantuve la mirada perdida en ese punto de unión que tanto me fascina. El azul era uno partido por dos, pero hoy tenía una línea blancuzca que marcaba la diferencia.
¡Cómo podía cambiarnos la vida de un momento para otro!...el primer día del año. ¿Cómo te haces a la idea de que quizá no estará? Yo no me la hago, ¡me niego! ¿Cómo se prepara una persona para recibir una noticia tan de golpe, a sabiendas que todos tenemos que morir? ¿Dónde ubica, en cuestión de milésimas de segundos, todos los sueños, los proyectos, los viajes, seguir la vida de su hijo, seguir compartiendo con su mujer, las reuniones familiares, progresando, cayendo, subiendo, viviendo...cuando acaba de cumplir cincuenta años? ¿Qué piensa? ¿Qué siente? Si los que le rodeamos tenemos miedo, incertidumbre, desubicación, incredulidad...¡qué no pasará por su mente y su corazón! Se me parte el alma en minúsculos pedazos al verle tan fuerte cuando estamos todos, y saber que se derrumba cuando se queda a solas con su mujer. Cuánta impotencia mezclada con ¿resignación?...
Fue allí donde recibí la noticia que habíamos estado esperando desde el día uno de Enero. Todas las pruebas daban negativo, con lo cual, han sido diecinueve días de angustia para terminar con un final feliz. Cuidados, tratamiento, pruebas de vigilancia y tenemos a tío para rato. Es lo que yo decía, es demasiado joven y tiene muchas cosas que vivir.
Este tiene que ser un buen año, ¡tiene que serlo!
Suspiré aliviada y, con aquella estampa de frente, lloré hasta que las lágrimas se mezclaron con el mar. Necesitaba despojarme de la presión que se había ido acumulando a velocidad de rayo en mi corazón. Durante un buen rato perdí la noción del tiempo, sólo quería deshacerme del mal trago que llevaba dentro. Cuando los ojos terminaron con las reservas lagrimales, me tumbé en la roca y contemplé el infinito cielo azul. Después de unos minutos, la brisa comenzó a arañar mis mejillas irritadas. Justo, cuando pretendía incorporarme para regresar, recibí una llamada de mi marido.
¿Vas a venir?
Sí, pero creo que tendréis que esperar unas cuantas horas.
¿Mucho lío?, ¿No puedes escaparte?
Sí, sí, pero aunque vuele no llego antes de tres horas.
Con lo temprano que has salido pensé que ya habías terminado...
Es que no te imaginas donde estoy.
¿No estarás...? no, no...
Sí, sí...

















LIBERTAD VIDA Y MUERTE dijo
espero que sea así. un buen año, saludos.
19 Enero 2009 | 04:48 PM