El tocador de pífano
"Pasa del blanco al negro sin la más mínima vacilación"- me dije entre dientes. ¡Lástima que no todos tengamos a un Zola en nuestras vidas!
De un lugar a otro, sin importar el día, la hora ni el espacio. Pífano en mano, cual sacado del famoso cuadro impresionista. Recorría las calles de la ciudad al son que soplaba el viento y su música prendía en notas veloces que ondeaban como ráfagas suaves, deleitando al oído del que sabía escuchar tras el silbido de la brisa.
Amenizaba los cafés en las terrazas con un variado repertorio, sin más recolección que los mismos escasos céntimos que, a diario, caían en su cofia casi sin sonar. Pantalón rojo y chaqueta negra, con su flauta atravesada y su gorro de medio lado. Infante sin infantería y carente de infancia. Paradojas de la vida.
Momentos de cuento para el que alza su copa con música gratuita de fondo e instantes de deriva, sin timones, que marcan una posible promesa, para el que nada le cuesta tocar pero tanto que conseguir. Sin más rumbo que el de la charanga, por no haber nacido en alta cuna que premie el talento de su composición.
Y no podía irme de allí sin hacer un análisis de comparación, por lo mucho que se parecía a "El tocador de pífano" de Edouard Manet. Y por mí, por mi pasión por el Arte que hilvanaba demasiado con aquella historia. Aunque él era un chiquillo con mucha vida por delante. Yo una mujer, con hilos cosidos en mis álbumes artísticos, de profesión arriesgada y de ahínco persecutorio . Con la fuerza de las garras y las notas de los colores inimaginables, aún por definir. Y sí, también, con mucha vida por delante.
En mitad de la terraza, lápiz en mano, comencé a hilar esta historia que extrajo una obra real, como la vida misma. Y mi libreta se convirtió en garabatos y trazos de semejanza.
Manet, tras su viaje a España, quedó entusiasmado con la pintura de Velázquez pero no fue su técnica la que imitó para esta obra sino la de los pintores japoneses (grandes pinceladas lisas de rojo, negro y blanco), las que definieron la silueta del pífano. Fiel a la inspiración, rodeó la figura de negro oscureciendo las cintas del pantalón. Como se aprecia en la imagen, el niño, lleno de encanto, destaca sobre un fondo gris monocromo en lugar del tradicional marrón del taller. Lo único que le da al cuadro una muy ligera profundidad es la pequeña zona de sombra debajo del pie. Esta obra es de una gran sobriedad, la misma que los críticos de la época no tuvieron en cuenta, reprochándole a Manet, que pintara cromos.
Los únicos que escudaron esta obra de verdad eran el poeta Charles Baudelaire y Emile Zola. Mientras a los demás críticos les pasó inadvertida esta obra maestra, en un elogioso artículo Zola defendió: "no creo que sea posible conseguir un efecto más intenso con unos medios tan poco complicados. (...) Dispone poderosamente sus figuras, no retrocede ante las imposiciones de la naturaleza; pasa del blanco al negro sin la más mínima vacilación".
Para agradecer a Zola que le defendiera, Manet hizo el retrato del escritor y se lo regaló.
Eduard Manet, 1832-1883.
"El tocador de pífano". Óleo sobre tela (161 cm x 97 cm). Firmado en el borde derecho "Manet". Pintado en 1866. Ubicación: París, Museo de Orsay.
Y porque el impresionismo son pinceladas fugaces, como los intervalos gozosos de la vida, que hay que saborear en ese instante antes de que desaparezcan.
Y es así, sin vacilar, como pasamos de un estado a otro sin que lo aprecien más que unos pocos, los que realmente cuentan.
Yo no sé pintar más que lo que pintan las críticas artísticas de mi conocimiento adquirido, más que las pinceladas que, sin aportar, aporto; más que la pasión que corre por las venas y me toca el corazón, pero merecerá un premio el que ocupe "el puesto de Zola" en mi vida profesional.
Blanco de paz, negro de incertidumbre y rojo de pasión definen la silueta del Arte que en mi vida se cruzó.











limpando-o-faiado dijo
Preciosa pintura.....no entiendo mucho de arte pero intento entender lo que veo y efectivamente estoy de acuerdo con lo que "Zola" defendía ....."no creo que sea posible conseguir un efecto más intenso con unos medios tan poco complicados"....
Haciendo un poco uso de una comparación, te diré que realmente es como la propia vida....lo sencillo es lo que consigue grandes cosas....no hace falta "sobrecargar" o "ensalzar" para llegar a ver lo que realmente es, o lo que realmente se esconde....
Creo que en este caso lo que pretente Manet precisamente es que podámos ver más lejos de lo que simplemente es un niño con su flautín....
Un besazo enorme....y un post interesantísimo!!! me ha encantado comentarlo a pesar de mis escasos conocimientos de arte....
28 Abril 2009 | 05:48 PM