4 - El pasaje de la Luna

Atravesamos un caminito de piedras redondeadas, hasta llegar al estanque de las buenas sensaciones. Nada más visualizarlo me invadió una calma de un azul pastel, pues sus aguas eran transparentes como todo aquello que se hace a plena luz sin necesidad de escondrijos. Había reflejos agradables y una luminosidad blanca, a pesar de haber oscurecido unas horas atrás.
Taifuag me invitó a subir a una canoa, para deslizarnos por el Pasaje de la Luna hasta llegar al gran recodo. Peces de colores saltaban alrededor de nuestro medio de transporte, chapoteando en el agua, haciendo vítores y refrescándonos con su salpicar.

Cuando fui consciente del espectáculo visual y emocional que me habían regalado los duendes, me tumbé a todo lo largo, sin importarme nada más que aquello que quería saborear, antes de que se esfumara, sin imaginar que lo mejor estaba aún por llegar.
El cielo desprendía millones de ráfagas repletas de albor, siendo aún de madrugada. Eran las estrellas que lucían espléndidas en mitad de un paraíso celestial, prendiendo el firmamento en una bóveda que podría atraparse con las manos, lejos y a la vez tan cerca, mientras amanecía y anochecía en un mismo velar.
El silbido de un golpe de viento nos arrastró hasta un valle de hojas que me recordaron a los helechos de pozo. Una frondosidad espesa cubrió la visión, pero no dejaba de ser hermosa. En mitad de aquella tranquilidad, comenzó a sonar una música suave pero armónica, con un ritmo relajante a la par de misterioso.
- Es el Hada de la Luna - me comunicó Taifuag, a lo que fui capaz de recordar que me acompañaba en el viaje, había estado tan callada todo el tiempo que olvidé que fue ella la que me invitó a ese paseo.
Sonreí y seguí emocionándome con cada sensación. Continuamos por un pasaje en recodo sin más murmullo que el silencio, al tiempo que se sobreelevaba la voz del hada.
Y entonces la vi. La Luna estaba llena, refulgente, palpable y sólo para mí. Comenzó a danzar mientras la melodía se hacía cada vez más intensa, mientras mostraba sus fases en mitad del baile. Me quedé perpleja, espectáculo semejante jamás visto ni oído, con emociones indescriptibles. Le había compuesto tantas poesías, me había aferrado a ella en noches de romanticismo...que no pude resistir el impulso....la atrapé de un salto, la subí a la canoa y se la traje de regalo a él, al dueño de mi corazón.

Capítulos anteriores:
1: Viajando con Taifuag , 2: Fiesta en el bosque, 3: Prisano
















lasrecetasdeteresa dijo
Están lindo y tan relajante como tus peces de color azul. y esa luna que tienes en tu barca, que bonita foto. Besitos, Nazules.
16 Junio 2009 | 07:27 PM