Tan pancho
Era un mañana de primavera, un domingo donde los rayos de sol asomaban tras las nubes que aún dormitaban. Un 23 de Abril de 2006, cuando todavía, por motivos laborales, a él y a mí, nos separaban muchos kilómetros para poder estar juntos cada día. Donde, a esas alturas, lo único que nos mantenía con fuerza eran todos los preparativos que, con tanta ilusión, disponíamos para la fecha de nuestro enlace. Entonces ya no habría despedidas, ni lágrimas, ni más separaciones. Donde la cuenta atrás cada vez era más lenta a la vez de pesada. Aunque si lo comparábamos con los años anteriores de distancia no era casi nada, pero cada día se hacía más larga la espera.
Me levanté de un salto y preparé un fugaz viaje, a sabiendas que los kilómetros se sumarían a los que me esperaban toda la semana...¿qué más daba el cansancio si íbamos a pasar unas horas juntos? "A la luna viajaría aunque fuera para verte de lejos"...mientras una mueca surcaba mis labios por una frase tan aparentemente cursi pero con un mensaje profundo, como el amor que sentíamos el uno por el otro.
La ilusión con la que subí al piso, ese cosquilleo en el estómago que me aceleraba las pulsaciones, imaginar la expresión de su rostro tras la sorpresa, el deseo de fundirme en un beso apasionado...se desvaneció cuando comprobé que no estaba. Puesto que iba a pasar toda la mañana en casa con trabajo atrasado, lo esperé el tiempo que me pareció suficiente para saber que no vendría antes de marcharme.
Sin pensar nada concreto pero sintiendo algo particular, aparqué junto a la ribera, tomé mi cámara y crucé al otro lado para hacer unas fotografías de la ciudad, con el puente romano de fondo. Entonces lo vi, había leído en el periódico que lo habían instalado en mitad del río pero no me lo imaginaba así. Sin embargo, allí estaba tan pancho tomando el suave sol primaveral sin importarle las miradas y grabaciones de los curiosos que nos acercábamos. Peloncho, sonriente, con una buena dosis de gamberrada a lo Duchamp.

"El hombre río", una propuesta de Rafael Cornejo y Paco Martos que habían pedido una oportunidad. Consiguieron que la escultura nos gustara a todos, causando furor entre pequeños y mayores, menos a los que opinaban que no era bueno dejarla.
La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir planteaba su retirada, por su composición de corcho que podría ser tóxica y que, al fin y al cabo, era una construcción ilegal. Todas las expectativas que durante épocas se habían volcado con el río invitaban a gente que no querían esperar más, reivindicando que el Guadalquivir, como tótem, como símbolo, nos pertenece a todos y de ese modo habían asumido el derecho como propio. Los autores de tan polémica escultura, sostenían y sostienen que toda la ciudad puede ser un espacio artístico.
Unas horas después regresé al apartamento por si mi amor había vuelto de donde quisiera que estuviese, pero la casa estaba tal como la dejé. No había rastro. Ya era tiempo suficiente para estar de regreso si es que tenía pensado comer en casa. Por lo que a mí respectaba había perdido el apetito. Le dejé una nota en la mesa del salón y opté por llamarlo cuando estuviera de vuelta en mi ciudad. Me esperaban muchos kilómetros de viaje y, al fin y al cabo, los dos habíamos hecho otros planes distintos del que nos habíamos contado la noche anterior. Estaba tranquila, porque además de mi amor, era mi amigo, mi confidente y mi mayor apoyo. No había nada que temer ni nada que ocultar, pero una parte de mí, se preguntaba por qué no me habría dicho realmente dónde pasaría el domingo.
Llegué a casa casi al anochecer, estaba agotada y un poco enrabietada. Con la situación, con él y conmigo.. Me tumbé en el sofá tal como lo tuve de frente, no me apetecía ni encender la luz. La cabeza parecía que quería estallar. Ni siquiera había recibido una llamada ni un mensaje de él. No estaba enfadada pero sí un poco mosca, aunque pensándolo bien tampoco yo había dado señales de vida en todo el día. También, se suponía, que yo iba a estar en casa durante el domingo, para empezar la semana con fuerzas. Pero... ¿y si le había pasado algo? ¿tal vez algún familiar o amigo lo había necesitado?...pero ¿por qué no había llamado?...en todo el día.... ¿Por qué no lo había llamado yo? ¿Qué estaba pasando? Lo único que pasaba es que me estaba emparanoiando.
Decidí darme una ducha y comer algo, no había probado bocado en la ajetreada jornada y el estómago me empezaba a doler. Mientras trasladaba la bandeja de la cocina al salón me vino la fragancia de su olor, pero ¿por qué no nos habíamos llamado aún? no quise seguir formando de mis pensamientos un "bolón". Todo tendría una explicación.
Cuando entré al salón, me quedé alucinada y me sentí tan tonta como anonadada, además de darme un "subidón". En un pequeño rincón había una nota con una rosa roja. Habíamos planeado la misma sorpresa con idéntico resultado para ambos. Busqué en mi bolso el teléfono, marqué y en dos ocasiones me aparecía comunicando. Esta vez sonreí. Una vez más, nuestras ideas se estaban cruzando. Y volví a recordar aquella cursilada de frase que en estos momentos menos que nunca me lo parecía. Hicimos un largo viaje sólo para dejarle una nota al otro y para saber aún más que hay cosas que no se pueden conseguir pero que la esencia, las intenciones, las ideas y el sentir siempre estarán ahí. Y esa noche, más que otras, pudimos dormir tan panchos.
Una semana después, y con toda la polémica que suscitó, aquel "hombre río" se desprendió de sus anclajes y quedó varado junto a un antiguo molino. Los escultores decidieron retirarla tras la atención captada en esos días. Más tarde una escultura idéntica, aunque de poliéster, fue anclada de forma definitiva, pero esta vez fue una riada la que la hizo desprenderse y quedó muy deteriorada. Y es que no debe ser fácil que flote y además gire. Aunque para muchos, como yo, se quedó para siempre.
Tras nuestra boda yo me mudé de ciudad y me quedé con él para siempre.












tita verde dijo
eso si que es tener sincronizado el corazón, telepatía del alma, XD!!!!
Menos mal que no os llegastéis a ver porque os hubieséis comido el uno al otro, en el buen sentido.... y en malo también, jajaja..
Qué pena que cambiaran a Peloncho ¿no?
Me ha gustado leer este 23 de abril.... casualidad? coincidencia? destino? o... simplemente dos corazones latiendo con un solo motor, el de su amor.... ;)
Besos para los tres latidos
15 Septiembre 2009 | 07:07 PM