Orígenes Nazules
Una vez que había llevado a cabo la búsqueda, amanecí con ese sabor dulce que deja lo bueno, lo bien hecho o simplemente lo que llevaba tanto tiempo queriendo hacer. Y ahora la satisfacción me ronda porque salió mejor de lo que hubiera imaginado, casi como si la preparación fuese de mucho tiempo ha y, sin embargo, aproveché ese impulso en un día donde me prometí que no pondría freno. Me adentré en la búsqueda de ese deseo que tenía en la mente y en el corazón desde que tuve uso de la razón, de los sentimientos que perduran y de todo eso que es importante en nuestra vida porque un día, sin más, puede que hayan desaparecido las huellas.
Sabía que los orígenes de mi familia paterna eran granadinos, y sentía una curiosidad inmensa en investigar si quedaba algún pariente en aquel lugar. Me apetecía caminar por las calles donde mi abuelo se crió, jugó y sobretodo trabajó. Conocer un término donde mi bisabuela pasó su infancia, adolescencia, juventud y madurez hasta que quedó viuda con cinco hijos varones y, entonces, emigraron.
Un coche con depósito lleno, mapa, un bloc de notas, un bolígrafo, mi cámara de fotos, un apellido y muchas ganas de aprovechar ese viaje. Era todo lo que necesitaba para poner en marcha mi fisgona chifladura.
Me sobresalté cuando leí el nombre de aquel pueblo que hasta ahora sólo había sido una lejana memoria, sin demasiadas vueltas, sin mucho recoveco. Siguiendo algunas curvas y adentrándome en esos hermosos paisajes de la sierra de "Graná", como a ellos les gusta llamarla. Recorrí en coche sus dos calles y media, para tantear el terreno, y aparqué junto a la plaza de la iglesia. Buscaba a una persona mayor, alguien que tuviera unos setenta u ochenta años que hubiera sido de la generación de mi abuelo, que pudiera darme alguna pista. Despacio, marcando las pisadas de un tiempo vivido, cruzaba la calle una mujer que me recibió amablemente y bastó indicar el apellido que yo aporté para emocionarse, para nombrarme a mi bisabuela y a todos sus hijos. En unos segundos mi corazón palpitó porque a la primera había encontrado a una persona que los había conocido. Mi bisabuela y la madre de esta anciana habían sido amigas y compartido montones de vivencias. Me indicó la casa donde podía encontrar a un primo de mi abuelo y, agradeciendo enormemente la valiosa información, emprendí mi marcha hacia la calle de atrás.
Un hombre mayor, como ahora podría ser mi abuelo, delicado de salud pero con una mente prodigiosa, con esposa, hijas, nietos y bisnietos. Se emocionó, recordó a toda la familia, preguntó por sus primos que desgraciadamente ninguno vive. Me ofreció datos valiosos, rellenando huecos de un pasado que hoy es mi presente, de unos orígenes a los que pertenezco y de los que, aunque lejanas, quedan brotes de las principales raíces.
Y paseé bajo los chopos donde, probablemente, Lorca se inspiró para crear alguna de sus obras. Respiré un ambiente tranquilo, lejos de la contaminación y el ruido, saboreé los colores de esas tierras granadinas que son un poco mías: verdes amarillentos, anaranjado terroso y azules pacíficos. Conocí un pueblo de antaño, sin demasiada evolución. Estuve con gente cercana, dispuesta a ayudar, amable, campechana y humilde desde el corazón.
Cerré los ojos y respiré con satisfacción. Vi a aquellos ángeles que murieron casi sucesivamente cuando yo aún no había cumplido los cinco años, incluida mi bisabuela, pero los recuerdo en una imagen que jamás olvidaré, mientras esté lúcida...claro.
Pasé la mano por mi vientre y pensé en Paula, otra rama de aquel amplio árbol genealógico. Pensé también en el tío Rafael, al que acababa de conocer, qué cantidad de emociones y recuerdos debían haber pasado por su mente y corazón en tan sólo un momento. Un día está uno tan tranquilo en su casa y aparece un pariente lejano en busca de orígenes....triste y bonito a la vez. Sólo espero que este hombre estuviera bien después.
Además de los recuerdos, esta saga familiar nos dejó una receta buenísima, típicamente granadina.
Se la dedico especialmente a Samira, que le prometí que la incluiría en un post.
Remojón: naranja troceada, bacalao desmigado, cebolla picada, aceitunas rellenas de anchoa y aceite de oliva. (He podido comprobar que hay más variedades de ingredientes en este remojón granadino, pero nosotros la preparamos tal como nos la transmitió nuestra bisabuela. Es muy fresquita y saludable, espero que os guste).
Esta rama genealógica fue encontrada gracias al apoyo de mi compañero de viaje, en este y en la vida, mi mejor amigo: mi marido. Y también tengo que agradecer a nuestra pequeña que lleva cinco meses de gestación en mi vientre, que ha generado nuevas emociones, sensaciones, impulsos, prioridades...que de algún modo me ha hecho conectar con esos ángeles que se fueron pero siempre permanecerán.
Oye hijo mío el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.
(El silencio, Federico García Lorca)
















Rosa dijo
He entrado en la coctelera buscando tu post, algo me decía que habías escrito.
Jolin !! Menudo post , hay que ver lo bien que sabes transmitir lo antaño y también lo que está empezando.
Me imaginaba a Paula diciendote : Si ! mama he sentido lo mismo que tú cuando estabas buscando tus origenes.
Me alegro mucho por tí.
Un beso muyyyyyyyyy grande
14 Octubre 2009 | 02:32 PM